Taki Yaku se ubica en Cuchinche (San Eduardo), Imbabura, Ecuador. Un refugio donde la naturaleza, la cosmovisión andina y el trabajo colectivo se entrelazan. Regeneramos el bosque andino de la microcuenca del río Cariacu, protegemos el agua y acompañamos, principalmente junto a mujeres de comunidades indígenas, procesos de sanación y fortalecimiento comunitario frente a la crisis climática y social.
En Taki Yaku cultivamos encuentros. Nos mueve el deseo de entrelazar saberes ancestrales, prácticas de cuidado y acciones concretas por la regeneración del territorio. Acompañamos procesos colectivos —principalmente junto a mujeres de comunidades indígenas de Imbabura— donde la sanación, la organización comunitaria y la defensa de la vida caminan juntas.
Nuestro espacio también está abierto a quienes buscan crear, pensar y respirar distinto. Ofrecemos residencias y estadías para artistas, equipos y organizaciones que necesiten concentración, silencio y horizonte. Aquí, el trabajo, el descanso y la contemplación conviven, sostenidos por el paisaje andino y el ritmo de la tierra.
Taki Yaku se construye desde la cosmovisión andina, entendiendo que cuerpo, comunidad y naturaleza están profundamente entrelazados. Su trabajo parte de los saberes ancestrales de Imbabura y se desarrolla en estrecha colaboración con mujeres indígenas y sanadoras locales, fortaleciendo redes de cuidado, liderazgo y acción colectiva.
El espacio acoge procesos de sanación que integran lo emocional, espiritual y territorial, y articula una red local comprometida con la defensa del agua, los bosques y la vida comunitaria, reafirmando una economía basada en la reciprocidad y la justicia territorial.
Taki Yaku busca reconectar a las comunidades rurales que cuidan el territorio con las personas de la ciudad que dependen de él. Reconoce que el agua, los alimentos y los ecosistemas que sostienen la urbe nacen en el campo y requieren vínculos más conscientes y solidarios.
Por eso, propone un espacio-refugio donde el descanso, el arte y el trabajo en la tierra permiten desacelerar y comprender esa interdependencia. A través de encuentros entre campo y ciudad, Taki Yaku teje relaciones que fortalecen el cuidado mutuo y ponen la vida en el centro.
El territorio donde hoy se encuentra Taki Yaku forma parte de un ecosistema andino profundamente importante para el
Estos encuentros fueron creados como un espacio seguro de sanación colectiva, integrando herramientas psicológicas con saberes ancestrales y
El proyecto nació desde una pregunta sencilla pero profunda: ¿qué ocurre cuando una mujer puede volver a mirarse